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El día del hombre es una trampa
¿Por qué no necesitamos un “Día del Hombre” equivalente al 8 de marzo?
El 8M no es una conmemoración cualquiera. No es un “día para felicitar”, “regalarles chocolates a las compañeras del curso” o “flores a las compañeras del trabajo” sino una fecha profundamente política y social.
Surge para recordar que los derechos de las mujeres son derechos humanos y para visibilizar las desigualdades que todavía existen en sociedades históricamente patriarcales. Es un momento para cuestionar prácticas que siguen normalizando la discriminación y la violencia de género, y para exigir cambios reales.
En cambio, el 19 de marzo —que algunas personas intentan posicionar como “Día del Hombre”— tiene un origen completamente distinto: es la celebración de San José dentro de la tradición católica. No nace de una lucha social por derechos e igualdad, sino de una celebración religiosa.
¿De dónde viene la tendencia del Día del hombre?
En buena parte, de la publicidad que tiene bastante capacidad económica para bombardearnos de mensajes con la menor excusa para vendernos cosas que no necesitamos. Tal como ha pasado con el día del amor y la amistad, que gracias a las marcas ha venido imponiéndose la promoción de una segunda fecha, el día de San Valentín celebrado en países anglosajones.
Pero también, y de forma más espontánea, del contagio por discursos en redes que interpretan la igualdad como si fuera una especie de competencia. Allí suele aparecer una visión de la masculinidad asociada a la fuerza, el poder, la conquista y el dominio.
Pero ese enfoque pasa por alto algo clave: los hombres, en general, no han sido discriminados por su sexo como si lo han sido las mujeres. Y ojo, hombres discriminados si hay: por ser migrantes, negros, indígenas, gays o pobres, entre otras, pero históricamente ellos no han sido marginados o sometidos solo por ser hombres, como si lo han vivido las mujeres durante siglos.
Algunas cifras de la desigualdad
Y los datos lo dejan claro. A nivel global, las mujeres tienen solo el 64% de los derechos que tienen los hombres. En el mundo laboral, siguen ganando en promedio un 20% menos por trabajos similares. Entre los 25 y 34 años, el desempleo afecta a cerca del 37% de las mujeres, frente a un 8% en los hombres.
Esa desigualdad se arrastra hasta la vejez: el 65% de las mujeres en edad de retiro no tiene pensión, mientras que en los hombres la cifra es del 35%. Y en el día a día, el trabajo de cuidado —cocinar, limpiar, cuidar niños o personas mayores— sigue recayendo de forma abrumadora sobre ellas: 76,2% frente a 23,8%.
¿Dónde está la trampa del Día del hombre?
Ahora bien, decir esto no significa que los hombres no tengan retos. Sí los tienen, y varios son importantes. Pero no pasan por “tener su propio día”, sino por revisar ciertas formas en que han sido socializados.
El machismo también hace daño a los hombres, pues les ubica en una posición que les exige cumplir roles asociados a la fuerza, por ejemplo, no expresar sus sentimientos o desatender el cuidado propio o de otras personas a su alrededor.
Uno de esos temas clave es la salud, especialmente la salud sexual. Todavía pesa mucho la idea de que cuidarse es innecesario o incluso “poco masculino”. Eso se traduce en menos consultas médicas, menos prevención y menos conversaciones abiertas sobre sexualidad.
Las consecuencias son reales. En Colombia, por ejemplo, entre las muertes por VIH, los hombres representan el 6,3%, mientras que las mujeres el 1,8%. Esta diferencia no es casual: tiene que ver con hábitos de cuidado, acceso a información y, también, con la responsabilidad compartida en las relaciones.
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¿Qué puede hacerse?
Aquí hay un punto importante: asumir la salud sexual no es solo una cuestión individual, también es una forma de cuidado hacia las parejas. Implica hacerse pruebas, usar protección, informarse y hablar sin tabúes. En otras palabras, implica corresponsabilidad.
Por eso, más que marcar una fecha en el calendario, el reto es otro: que los hombres asuman un papel más activo en su propio bienestar y en el de quienes los rodean. Eso sí tendría un impacto real.
Al final, el día de la mujer está para recordar que todavía hay desigualdades profundas que afectan a las mujeres, requieren respuesta de los Estados, compromiso de las sociedades y conciencia de todas las personas.
La conversación importante es cómo construimos una sociedad más justa. Y eso, claramente, es un ejercicio para todos los días de año.
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